Especial para 365 lugares para vivir en Bogotá, D.C., Colombia
El barrio más representativo del Centro Histórico de Bogota tiene de todo: museos, universidades, restaurantes, palacios presidenciales, bares, centros culturales de talla internacional, habitantes de la calle, oficinas de abogados, bibliotecas, hostales, colegios, cancillerías, librerías, senados, palacios de justicia, almacenes de cadena, artistas, catedrales… Caminar por La Candelaria es como mirar un Aleph limitado y criollo. No falta allí ni el florero de Llorente.
Hay que ser muy francos: no es fácil vivir en ese abigarrado conjunto de sorpresas culturales que es La Candelaria. Se requiere de una mente bastante abierta y sentidos muy alerta para descubrir sus rincones más sabrosos y cuidarse de sus recodos peligrosos; hay que aprender dónde degustar la paz de la lectura y cómo perderse en el tráfago tumultuoso de la Séptima a la hora del almuerzo sin perder la billetera en el intento. Hay que aprender a reconciliar la bohemia con la burocracia, la rama judicial con la vida teatral y la academia con la alcoholemia. No es fácil, y no es para todo el mundo.
Descubrir las joyas arquitectónicas de La Candelaria es un trabajo de años: uno puede deleitarse cada vez que pasa por el Camarín del Carmen, y morir ignorando que una de las casas más bellas de Bogotá queda justo enfrente: claro, hay que conocer a Ángel Becassino para verla. Delicioso es desayunar en la Pastelería Francesa, pero triste es saber que uno se perdió para siempre de esa casa de esquina a diagonal que era de Ángel Lookhart, decorada hermosamente con las pinturas del artista y una delicada e inspiradora colección de botellas y frascos de vidrio multicolor que a largo de años se acumularon en los mil y un estantes, repisas y poyos de la casa. Y como esos dos ejemplos hay decenas. Ni quien escribe, habiendo vivido cinco años en el barrio, sabe de qué se habrá perdido.
Como barrio de conservación, el futuro de La Candelaria está preservado, y cada uno de los bogotanos es también responsable por cuidar este tesoro colonial y republicano que guarda el espíritu del pasado para las futuras generaciones. Tampoco se puede olvidar lo interesante que es poder tener propiedades en un sitio que será el eje del turismo cultural en Bogotá mientras que la ciudad exista: los procesos de valorización han sido muy altos desde que el proceso de restauración se inició hace más de veinte años.
Vivir con la historia, y hacer convivir pasado y futuro, arte y ciencia, es el destino de este tradicional sector de la capital. Los espíritus aventureros y artísticos no pueden pasar por Bogotá sin vivir aunque sea una noche en el barrio.
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Fotos por Jim Ceballos, anfoc y janeyhenning.












